
Uno ve tanto y a la vez comprende tan poco... Los disparos van y vienen día y noche, la sangre corre y la desesperanza se apodera de todo aquel que mira, sea con interés o como quien no desea saber mucho pero igual no puede dejar de observar lo que sucede.
En un lado hay culpables/victimas, ya convictos y confesos, en el encierro donde las peores pesadillas se hacen realidad, donde el ser humano se deforma y se configura en un peso para la sociedad. Del otro lado igual los hay, pero estos quizás son peores, pues se ocultan bajo el poder de la autoridad y son en gran medida los responsables de lo que pasa aunque nunca lo asuman.
Así se desarrolla una historia marcada con la letra de la muerte. No hay inocentes más allá de varias familias que con tan poca información observan el nuevo capítulo del circo de la muerte, del que forman parte pues no tienen otra opción.
Y los medios, para variar, se dividen al "informar". Periodistas teledirigidos por patronos empeñados en mostrar el lado humano (que nadie comprende) del brazo armado de la ley; y otros dedicados a satanizar la desgracia sólo para opacar a sus oponentes políticos.
Pero como siempre y como elemento curioso reina la distorsión de la información, y se repite la vieja historia donde hasta los más opuestos se encuentran en sus extremos. En esta ocasión lo que prevalece es la necesidad de sobrevivir políticamente, sacar algún provecho de la situación.
Y más arriba, donde el poder de los poderosos mueve los hilos, sólo se encuentra la ambición. Unos protegen y defienden lo indefendible, otros tratan de obtener una victoria de la desgracia ajena, y los afectados, como siempre, quedan esperando respuestas, al menos una que se asemeje o se acerque a la verdad...
Uno ve tanto y comprende tan poco que la solución temporal pasa por algo simple... Tomar el control, cambiar el canal o simplemente desviar la mirada y hacer como si nada de lo que hoy nos aturde hubiese pasado.
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