14/06/2011
La miro con desprecio, con una suerte de rencor que no termino de desarrollar pero que tampoco puedo erradicar por más que lo he intentado, y siento la desesperación que genera esa mezcla de amor y odio que tan pocas veces he podido experimentar en mi vida.
Me encuentro de pie (quizás eso sea un punto a favor en este momento) y mi mirada se pierde fijamente en lo profundo de un cielo negro que sólo es adornado por una brillante luna que alumbra hasta los espacios más recónditos de la ciudad y de las almas de quienes la habitan.
Está justo arriba. Se encuentra exactamente sobre mi cabeza, y como representa un recuerdo maligno que amarga, no hago más que tratar de escapar de ella.
Recorro mil pasos por caminos inesperados, tal vez nunca visitados, y ella sigue en el mismo sitio, sobre mi cabeza, alumbrando los pesares que se han transformado en tedio y fatiga con el tiempo. Me escondo en lugares inhóspitos donde no quisiera estar,que visito únicamente para alejarme de su brillo, pero el mismo me recuerda que al salir estará allí para ser el verdugo de mis recuerdos y pensamientos.
No queda más que detenerse. No se trata de rendirse sino de aceptar la derrota.
Alguien me comentó una vez en medio de una charla (que en su momento daba prórroga a lo que era imposible alargar) que hay un punto exacto donde todos vemos la luna justo arriba de nosotros, y que no importa donde nos encontremos, siempre sentiremos ese efecto, ese peso que genera tenerla justo allí, encima, como una carga imposible de soltar.
Entonces no queda más que pensar que aunque esto suceda, no necesariamente todos la observemos desde el mismo punto… Sí, como leen, no quiere decir que todos estemos aglutinados viendo a la luna posarse sobre nosotros, sino que ese efecto maldito nos da la certeza que en cualquier punto alguien como yo puede estar pasando por algo tan similar y absurdo.
Y es así como lamentablemente descubro que estoy aquí, perdido en un espacio tan inanimado como indeseado, en una noche que sabe a nada, imaginando que alguien (no se si en condiciones peores, iguales o mejores) mira la misma luna que yo y recuerda aquella charla que fue el preludio de algo indeseado.
Pero amanece y así desaparece temporalmente con la claridad del amanecer, llevándose consigo tantos recuerdos, dándome un respiro temporal que culminará cuando una vez más se pose sobre mí y me haga revivir este terrible ciclo.
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