Alexander Zapata.-
Juan es un joven relajado. Solíamos coincidir mucho en la calle cuando cumplíamos
juntos las labores de reporteros para distintas estaciones de televisión en Las
Vegas. Con un tono pausado y bastante relajado, durante el último año lo he
visto denunciar, informar y acompañar a la comunidad hispana del estado de
Nevada.
Se poco de Juan. Como dije, sólo lo que charlas entre pautas
de trabajo nos permitió compartir. Llegó desde Arizona, donde trabajaba en una
radio y donde fue becado para estudiar periodismo por su buen desempeño.
Además, sé que tuvo un paso breve como pasante para la gigante de las
comunicaciones CNN, y que llegó a Las Vegas con muchas ganas de seguir
cumpliendo su sueño. Sé que es un alma buena, de trato amable, siempre
dispuesto a ayudar y a colaborar cuando sea necesario.
El 8 de noviembre, luego de algún tiempo sin vernos,
coincidimos en el hotel Aria en Las Vegas, donde grupos cercanos al partido
demócrata celebrarían los resultados electorales. Él estaba en la tarima,
cumpliendo sus funciones de reportero, y yo caminando en los alrededores y
ofreciendo entrevistas para los distintos medios en español que daban cobertura
a las elecciones.
Tuvimos un breve espacio de tiempo y nos sentamos.
Analizábamos juntos el panorama y los resultados y descubríamos lo inevitable.
Trump ganaría las elecciones. Ante este hecho comenzamos a hablar del futuro de
millones de indocumentados, y fue entonces cuando Juan, con la misma serenidad
de siempre, pero acompañada de una sonrisa llena de incertidumbre me contó algo
inesperado: “Alex, yo soy un dreamer”. Descubrí que gracias a Daca, mi colega
había logrado alcanzar lo que hasta ese día había logrado.
“Dreamer” y “Daca”, si aún no está familiarizado con los términos
le explico. Los “dreamers” o soñadores por su traducción al español, es como se
les ha llamado a jóvenes que pudieron recibir el beneficio de “Daca”, la acción
ejecutiva creada por el presidente Barack Obama y que permitió a más de 700 mil
jóvenes llegados en edad temprana y que vivían sin documentos, tener la
oportunidad de trabajar, de obtener préstamos estudiantiles y de salir adelante
y contribuir con la economía familiar y del país.
Más de 700 mil jóvenes en Estados Unidos actualmente gozan
de este beneficio. Durante su campaña el presidente electo, Donald Trump,
prometió que acabaría con esta medida por considerarla inconstitucional.
Así pues, sabiendo que Daca puede terminar con una simple
firma, mi pensamiento vuelve una y otra vez al mismo punto. Y es que, desde aquel
8 de noviembre, cuando Juan y yo compartimos un trago y una confesión, su
historia ha estado dando vueltas en mi cabeza. Pienso en él como inmigrante y
en todo lo que ha alcanzado, recuerdo a todas las personas a las que ha
ayudado, y me doy cuenta cuan peligroso y dañino para la comunidad sería que
Juan un día, tuviera que apagar las luces que acompañan a su cámara, para
regresar a las sombras que fueron su día a día cuando tenía que vivir como un
indocumentado. Temo que Juan y otras 700 mil almas nobles tengan que parar de
soñar.