martes, 30 de diciembre de 2008

Lo que me gusta y gustaría

Me gusta despertar y saber que estás allí, que tu mano suave aun tantea nuestro espacio privado en búsqueda de calor humano.

Me gusta del amanecer el contemplar tu rostro, con la tímida luz del sol calentando tus mejillas, descubriendo poco a poco y con paciencia toda la belleza que guardan tus labios, tus ojos y tu mirada.

Me gusta ver como te estiras, admirar aun acostado como te incorporas poco a poco y me saludas, a veces con sonrisas y otras con dureza.

Me gusta ver tu cuerpo una vez que estás de pie, admirar centímetro a centímetro la belleza de tu geografía, detallar tus virtudes y tus defectos, que cada día son a mi juicio, perfectamente imperfectos.

Me gusta cuando de ti sale alguna palabra dirigida a mí, pues mi cuerpo se enciende con una llama de alegría que me acompaña todo el día.

Me gustas toda tú, y no sólo en las mañanas sino en cada minuto que me acompañas. Me gustas como amiga, como mujer, como amante y en cada rol que decides emprender.

Y me gustarías aun más si algún día, por la razón que tú consideres más conveniente, decides dejar todos tus miedos a un lado y comienzas a caminar junto a mí el resto de tu vida tomados de la mano.

Desahogo

Veo a la distancia como se acercan y siento que con cada paso que dan se alejan más y más de mí. Mis ojos se niegan a aceptar que las situaciones hagan que ya no las pueda ver más. Sentado, trato de explicar lo inexplicable, trato de dar respuestas a preguntas que no puedo contestar ¿Cómo puedo dar lo que no logro sentir?

Estar por estar nunca fue una opción. A una le digo que de nada sirve dar todo si en frente tienes a alguien que no puedes llenar por completo, y a la otra le explico que tampoco sirve estar con alguien que te da migajas de cariño, que aunque te llenan lo suficiente, nunca sabrás hasta cuando durarán. Así estuve, navegando en dos mares, en aguas turbias, ese fue mi error, mi único error.

Soy un tipo huraño, bastante gris, nada fuera de lo común. Hoy sentado veo como ambas se alejan, y la esperanza de tenerlas en mi vida, así sea compartidas y como amigas, se esfuma con su partida. No puedo obligarlas a quedarse, y menos en las condiciones que ofrezco. Tocará rectificar y también vivir con hermosos recuerdos que en lugar de alegrarme amenazan con amargar y hacer más insoportable mi existencia.

Sentado esperaré que pase la tempestad. Quizás algún día, por alguna suerte del destino, podremos vernos a la cara y sonreír, sin rencores, sin odios, sin resentimientos. Por ahora sólo queda esperar, ver que pasa y soportar con temple las consecuencias de nuestros actos.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Vida en la cárcel. Estar a la sombra de la sociedad

Ex convicto y especialistas narran historias y ofrecen sus opiniones acerca del tema. Diversas organizaciones muestran una luz al final del camino.
Es una tarde soleada en la Redoma de Ruíz Pineda de Caricuao, una población incrustada en el oeste de Caracas y uno de los sitios más peligrosos de la ciudad según las últimas cifras del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (CICPC). Al fondo (quizás por casualidad) un buhonero coloca a todo volumen la canción Mi Libertad de Frankie Ruiz, para que José Pérez, alias “Joseito el enano”, con cerveza en mano y una sonrisa que el tiempo no termina de desgastar, nos comience a relatar su historia.
“Hermano, lo que pasa es que uno desde pequeño lo que estuvo fue en la calle. Mi mamá no podía criarnos a todos, y mis hermanos y yo nos tocó rodar día a día pa´ traer algo pa´ comer. De pana no es una excusa, pero yo con hambre y arrechera ¿qué iba a hacer? Agarraba lo que se viniera sin pararle bolas a nada. Después alguien me ofreció vender Bazuco y otras vainas ahí y bueno arrancó esta vida que lleva ya 42 años”.

“Las dos veces que estuve preso fue por mala leche. La primera vez sólo estuve tres meses por averiguaciones y eso me bastó para decir que no pisaba la cana más nunca. Pero que va hermano, la ley de la calle no te da chance de nada y bueno, por ahí uno se quiso comer la luz y lo bajamos. 15 años me metieron loco, 15 malditos años encerrado vendiendo piedra y peleando con un chuzo en la mano hasta para ir al baño”. Y así continuó aquella charla que se paseó por los escenarios más terribles de la prisión.

“En la cárcel tu pagas por todo, si te enculebras te quiebran y si te dejas montar la pata terminas siendo la mujer de alguien. Ahí nadie respeta la vida de nadie, eres tú sólo contra el mundo. La cárcel no es más que la universidad del malandro, es el infierno, pues tú sales odiando a todo el mundo, pues la gente te mira como basura, como mierda; uno sale sin miedo a nada y con una sola consigna… Primero me quiebran antes de volver a pisar una cana”.

La historia de José es sólo una de las tantas que se pueden escuchar hoy en día en varias zonas de nuestra geografía. Jóvenes que cometen delitos de cualquier índole y terminan pagando condenas en prisiones con serios problemas de hacinamiento, violencia y violaciones a los derechos humanos. Ante este panorama, se consultó a expertos para conocer si luego de estar en prisión, un hombre está preparado para afrontar una sociedad que por razones desconocidas le es hostil.

Hablan los especialistas

La doctora María Elena Rodríguez, abogada especialista en Derecho Penal y miembro del Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP), cuenta que “la decisión de cambiar y poder volver a formar parte de la sociedad como un ciudadano más está de tu parte. Si la misma persona no quiere modificar su conducta entonces no se puede hacer nada”.

La doctora Rodríguez continúa indicando que, si bien es cierto que existen casos complicados como cuando el ex convicto, no cuenta con el apoyo de nadie, eso no puede convertirse en una excusa. “Basta con acercarse a los tribunales penales y mirar a los mototaxistas que están trabajando a las puertas de esta entidad. La mayoría de ellos son jóvenes que pagaron condena y decidieron tomar otro camino. También podría servir de ejemplo la historia de Humberto Prado (director del OVP), quien estando preso decidió estudiar, prepararse y ayudar a los demás reclusos organizando actividades deportivas, lo que al final le valió un indulto presidencial. También tienes a José Argenis Sánchez, presidente de Liberados en marcha. Y como ellos muchos otros más. Por eso te reitero que la decisión está sólo en ti”.

Asimismo, la doctora Rodríguez admite que la situación en las prisiones no permite a los ciudadanos recluidos realizar actividades que los preparen para afrontar el reto de estar en la sociedad nuevamente. “Yo trato de explicar la realidad de la cárcel con un ejemplo simple. Un centro de reclusión es como tomar el barrio más peligroso de todo Petare, encerrarlo entre cuatro muros enormes y colocar a los guardias y custodios afuera de esas cuatro paredes”.

La licenciada en trabajo social, Irama Zerpa, también ofreció sus apreciaciones acerca del por qué existen casos donde los ex convictos vuelven a reincidir en el delito. “Son diversos factores los que pueden influir. La falta de apoyo familiar es uno de los más comunes, pues sin el soporte de tus seres queridos la vida después de la cárcel se hace más cuesta arriba. También se tiene el hecho de volver al mismo entorno físico ambiental donde cometías los delitos, y quizás uno de los más importantes, que es cuando la persona desea convertirse en un hombre nuevo y la misma sociedad le cierra las puertas y no le ofrece oportunidades. Es allí donde comienza la depresión y comúnmente se recae en el problema”.

En el mismo orden de ideas, el criminólogo Elías Neuman, citado en A la Sombra de la Sociedad, situación Penitenciaria en Latinoamérica, obra del Observatorio Latinoamericano de Prisiones, indica que “cuando se habla de readaptación social se da por sobreentendido que todos sabemos a lo que aludimos; pero nunca tuvo una definición, ni siquiera descriptiva. Y personalmente, en 40 años de profesión, nunca supe de nadie que se haya readaptado gracias al sistema. Puede que se readapten por tener una familia muy fuerte… Pero el tratamiento… ¿Cómo vamos a hablar de tratamiento si no existe el trato? Lo que existe es el maltrato”.
Una luz al final del camino

El artículo 272 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela dispone lo siguiente: “El Estado garantizará un sistema penitenciario que asegure la rehabilitación del interno o interna y el respeto a sus derechos humanos. Para ello, los establecimientos penitenciarios contarán con espacios para el trabajo, el estudio, el deporte y la recreación, funcionarán bajo la dirección de penitenciaristas profesionales con credenciales académicas universitarias…” En ese sentido la doctora Rodríguez (OVP) indica que en la actualidad “sólo existen los llamados CTC (Centro de Tratamiento Comunitario), donde la población reclusa que obtiene el beneficio de medida sustitutiva de cumplimiento de pena, asiste para lograr la reinserción social. No obstante sus condiciones no son las más óptimas. De resto no existe nada para apoyar al recluso al momento de salir de la prisión”.

No obstante, de manera independiente, existen algunas organizaciones que se han dedicado a esta labor de brindar apoyo a la población de ex convictos. Una de ellas es el Observatorio Venezolano de prisiones, ubicado en el centro de Caracas y quienes además de velar por el respeto de los derechos humanos de la población reclusa, constantemente dictan charlas y foros para tratar de apoyar a aquellos que buscan reinsertarse en la sociedad.

Otra iniciativa es el proyecto “Alcatraz”, una idea que nace de la empresa privada (ron Santa Teresa) y que opera desde el año 2003. Su misión principal es “reclutar jóvenes con problemas de conducta del Municipio Revenga, en el estado Aragua, Venezuela” a fin de convertirlos en personas útiles a la sociedad. Asimismo, esta organización considera que “la peor cárcel es uno mismo y el gran reto es escaparse de sí mismo”.

Otro grupo es el llamado “Asociación Civil Liberados en Marcha”, quienes desde hace más de tres años se dedican a brindar apoyo a las personas que han cumplido condena y que obtienen medida sustitutiva de cumplimiento de pena o libertad. Su director es el señor José Argenis Sánchez y su sede se encuentra en Guatire estado Miranda.

Trabajadores sexuales VIP. Damas y caballeros de compañía

Este resumen no está disponible. Haz clic en este enlace para ver la entrada.

Sexo express en el Cine Urdaneta

Un olor a sexo y humo de cigarrillo impregnan toda la sala. La luz es escasa y sólo unas pequeñas bombillas rojas pegadas a la pared y los letreros de “no fume” alumbran tímidamente todo el espacio.

Al fondo se proyecta la imagen y el sonido de dos cuerpos sudorosos que disfrutan de un evidente placer, mientras que los presentes imitan sin pudor todo lo que la pantalla muestra.

En una esquina del centro de Caracas se encuentra el cine Urdaneta. En este sitio, que existe desde hace más de tres décadas, se proyectan películas de entretenimiento para adultos o lo que es lo mismo, cine pornográfico.

Comenzaba la tarde de un jueves y decidí acercarme a este recinto pues según declaraciones de diversas personas, dentro del mismo se realizan todo tipo de actos sexuales a plena luz del día, cuando la mayoría de los caraqueños se encuentran en sus trabajos habituales.

Al ingresar a la sala traté de sentarme en un sitio apartado para evaluar la situación desde lejos. Este cine con capacidad de 150 personas, tenía para ese momento (2:45 p.m.) un público aproximado de 50 espectadores. Todos los que estaban a mi alrededor miraban fijamente la promocionada “morenas ardientes” mientras estimulaban su cuerpo con caricias en sus partes íntimas pero conservando toda la ropa en su lugar. Más allá de eso no sucedía nada fuera de lo común, hasta que de pronto me percaté de que algo sucedía en los primeros asientos y decidí acercarme para investigar.
Y comenzaron las sorpresas
Unos 10 travestis caminaban alrededor de los primeros asientos y se sentaban por instantes junto a los hombres que miraban atentos la película. De pronto uno de estos trabajadores sexuales se acercó a alguien que estaba lo suficientemente próximo a mí y pude ver con asombro lo que iba a suceder. Luego de un cruce de palabras no mayor a 10 segundos, el hombre y el travesti comenzaron con total normalidad lo que al parecer es una rutina. Lentamente se desabrochó la correa y el botón del pantalón, bajó su cierre y se hundió cómodamente en el asiento. Fue entonces cuando su acompañante repentino se fue acercando poco a poco hasta comenzar a practicarle el sexo oral, todo ante la mirada atenta de los que estábamos a su alrededor.

Impactado por la fuerza de esta imagen decidí ir al baño para tratar de pasar el momento con más calma, pero al final el remedio terminó siendo mucho peor que la enfermedad. En la entrada un hombre me dijo con una sonrisa “al salir por favor deja una colaboración”, quizás como el cobro de una entrada adicional para observar el espectáculo privado que se presentaba en el interior del baño.

Al ingresar, la instalación dejó la misma imagen mustia y gris de todo el cine. El olor a orina y cloacas se mezclaba con el antiguo olor a sexo y humo de la sala. Al acercarme al lavamanos, pude observar cuatro piernas dentro de uno de los cubículos con puerta: Un hombre de rasgos indígenas apretaba con fuerza la cintura de su compañera (travesti) y se balanceaba lentamente contra su cuerpo. Mientras lo hacía me miraba con una sonrisa de placer, hasta que su acompañante, al percatarse de mi presencia me dijo con voz fuerte y gruesa “pira de aquí pues”.
Salí de manera rápida y me senté en el mismo sitio donde me encontraba antes de ir al baño. El primer travesti, que había complacido los deseos de mi vecino del puesto de adelante, caminaba alrededor de los primeros asientos, cuando de pronto dirigió su mirada hacia mí.
Hermetismo total
“La Trevi”, como se presentó ante mí la travesti, se acercó con su movimiento de caderas femenino y me preguntó: “¿Qué quieres que te haga?”, a lo que respondí: “¿Qué es lo que haces tú? Con una sonrisa me contestó: “Aquí te puedo hacer de todo, y lo mejor es que no me tienes que pagar nadita papi”.
Ante tal afirmación traté de indagar el por qué hacía esto sin obtener beneficios y desde cuándo se prestaba para este tipo de actividad, a lo que solamente contestó: “cuando quieras gozar me avisas mi cielo”, para continuar con su paseo hasta estacionarse junto a otro cliente y repetir de nuevo su rutina oral.
Abrí bien los ojos para tratar de percatarme con calma si otros tenían sexo en ese mismo momento. En cuatro sitios distintos se repetía la escena de sexo oral, donde algunos miraban atentos y otros participaban como protagonistas de un reality show pornográfico.

Ante este panorama y la duda de conocer el por qué de esta situación, decidí salir de la sala y conversar con alguien de la administración. Toqué la puerta de la parte posterior a la taquilla y la misma se abrió pero sólo a medias. Por la pequeña hendija pude observar un rostro a medias que preguntó qué era lo que quería. Al formular la pregunta de si sabían lo que sucedía dentro de las instalaciones de este cine, recibí la respuesta que esperaba: “¿y tú para que quieres saber eso? Eso a ti no te interesa”.

Luego se acercó a mí un vigilante, quien muy cordialmente me invitó a abandonar el recinto, a lo que accedí sin mayores contratiempos. Ya el reloj marcaba las 3:15 p.m. y en ese breve lapso de tiempo, había podido observar muchas más cosas que todas las denuncias y rumores que me habían formulado. Caminé de forma apresurada por la calle que me llevaría hasta la estación del metro Teatros. Atrás dejé el cine adulto que en apariencia día a día anuncia películas pornográficas, pero que en realidad es un hotel donde algunos van a mantener sesiones de sexo express.