Considero que cuando se escribe un texto y se hace público, el receptor deja de ser alguien específico y pasa a ser cualquier persona que pueda sentirse identificada con cada palabra que surge de un profundo y sincero sentimiento. Casi siempre, los que leemos a diario algún escrito, consideramos que esas letras tienen un destino específico, sin cuidar que muchas veces esas líneas que nacen por cualquier motivo se adaptan a las historias suyas, las mías o las de cualquiera.
Cuando escribo pienso en mí, en mis amigos, en la vida de un extraño que, sentado en un banco cualquiera piensa algo que desconozco, o en un detalle simple e insignificante. Así es mi imaginación, mi ficción, mi imaginario de mundos posibles, donde una niña que juega en un parque, o el anciano que parece esperar en paz la llegada de su muerte, pueden ser el motivo para “soltar mis demonios”.
Nada ni nadie es dueño de un escrito, eso sería sumamente egoísta y egocéntrico. Al menos mis textos, los que se hacen públicos, los que humildemente puedo plasmar en mi blog, dejan siempre de ser para alguien específico y pasan a pertenecer a todo aquel que vea en esa historia un mensaje que se asemeje a su vida, a sus experiencias...
Así lo sentí la primera vez que escribí, así lo percibo cuando escribo esto, y así quiero que sea por siempre. Mis escritos nacen de sentimientos profundos que sueñan con adaptarse a la historia de todos los que de una u otra forma, tienen la oportunidad de tropezarse con ellos.
"Yo creo que desde muy pequeño mi desdicha y mi dicha al mismo tiempo fue el no aceptar las cosas como dadas. A mí no me bastaba con que me dijeran que eso era una mesa o que la palabra "madre" era la palabra "madre" y ahí se acaba todo... ...desde pequeño mi relación con las palabras con la escritura no se diferencia de mi relación con el mundo en general. Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas tal como me son dadas" Julio Cortazar
miércoles, 28 de enero de 2009
martes, 27 de enero de 2009
¿A qué le temes?
Me pregunto en este momento a que le temes. Quizás por tu edad sea lógico temer a la felicidad o a una propuesta de alegría que te muestran con el corazón en la mano. Creo ya saber lo que te asusta, déjame ver si tengo la razón.
Le temes a la idea de estar con alguien que pueda llenar cada espacio vacío de tu vida, o a la idea de pasar tu tiempo libre junto a un hombre que te valore por lo que eres como persona y no por un mero estereotipo de belleza. Tienes miedo de encontrar a ese ser que pueda quererte y amarte con tanta fuerza que te haga aferrarte a él como un valioso e inigualable tesoro que dios te dio. Quizás sea el sentir por primera vez que todo marcha bien, que su familia te aprecie, que sus amigos te caigan bien y que su entorno sea imperfectamente perfecto.
También he pensado que crees que pueda fallarte y que al terminar te veas sola y sin amigos, aunque nada de lo que suceda a tu alrededor muestre que eso pueda suceder. Temes lastimar a un muchacho que por alguna razón y sin intensión de criticar, no pudo llenar tus expectativas de vida ni como pareja, sin detenerte a pensar que ese miedo puede llevarte a perder una oportunidad que tiene todas las características para ser considerada como una opción muy buena.
Creo que temes sentirte tan unida a alguien, que puedas llegar a necesitar a esa persona en todo momento. Le tienes pavor a verte querida en las mañanas, en las tardes y las noches, a ser besada y deseada cuando te arreglas o cuando pasas todo un día sin bañarte, a ser mimada y consentida sin otro motivo que no sea el querer hacerte feliz.
Tienes miedo de verte una mañana junto a un hombre que no quiere hacer otra cosa que quererte y apreciarte como un todo y descubrir que de verdad si se puede ser feliz, o a la idea de soñar en un amanecer, un atardecer o cualquier otro momento de alegría junto a esa persona. Tienes miedo de poder entablar una charla inteligente, al reir todo el día, a los buenos momentos y a la sensación de que eso no pueda ser duradero en el tiempo. En fin querida mía, usted le tiene miedo a la felicidad, y mientras no deje de temer y asuma con valor lo que le dicta su corazón, su alma y su espíritu, jamás podrá ver a ese pretendiente como algo más que un momento bonito.
El tiempo corre y en sus manos está el poder decidir que quiere hacer con su vida... No lo pienses más y luego de analizarlo bien, determine que quiere para el futuro de su vida.
Con mucho cariño me despido Dóninyer
miércoles, 21 de enero de 2009
Un viernes… dos realidades
Otro texto de una buena compañera de clases... Espero me perdonen por hacerlos públicos, pero son demasiado buenos para quedar guardados en alguna vieja carpeta amarilla...
Dagnia González (escrito el 07 de diciembre 2006)
Con miles de kilómetros de distancia, Samhia como tantas veces, trató de olvidarse desde el amanecer de la fecha en que se encontraba, sabiendo que las circunstancias no eran favorables para celebración alguna. Aquel día se arriesgó a salir sola de casa y luego de su largo y pausado andar, finalmente dejó que su famélico y cansado cuerpo se desplomara sobre la tibia arena, fijando sus grandes y profundos ojos negros, sobre el azul cielo que durante meses no ha dejado de ser escenario de estallidos y explosiones por luchas políticas que no tienen explicación a sus escasos 16 años de vida.
Ya al final de aquel viernes, ambas jóvenes, sin siquiera imaginar entre ellas la existencia paralela de cada una, recibieron de manos de sus madres sendos obsequios. Emily tiene en sus manos los boletos aéreos que la llevarán hasta Francia, donde siguiendo la tradición familiar comenzará sus estudios universitarios en La Sorbona. Por su parte Samhia, aprieta con fuerza sus labios para no dejar escapar el grito de dolor y rabia al recibir su regalo, un nuevo velo negro, que le obligaría a ocultar los rasgos de tristeza que a tan corta edad comenzarán a marcar su rostro como consecuencia de tanta pérdida, de tanta muerte.
Dagnia González (escrito el 07 de diciembre 2006)
Al fin para ambas adolescentes llegaba el tan esperado primer viernes de enero del 2004, y con él su cumpleaños número 16. Emily, con su apreciada delgadez esculpida 4 veces por semana en el gimnasio, su rubio cabello y despiertos ojos verdes, no paraba de atender las llamadas telefónicas de felicitación, propias de la jovencita que finalmente tendrá la exclusiva atención sobre ella durante toda la noche en lo que será la fiesta en su honor.
Con miles de kilómetros de distancia, Samhia como tantas veces, trató de olvidarse desde el amanecer de la fecha en que se encontraba, sabiendo que las circunstancias no eran favorables para celebración alguna. Aquel día se arriesgó a salir sola de casa y luego de su largo y pausado andar, finalmente dejó que su famélico y cansado cuerpo se desplomara sobre la tibia arena, fijando sus grandes y profundos ojos negros, sobre el azul cielo que durante meses no ha dejado de ser escenario de estallidos y explosiones por luchas políticas que no tienen explicación a sus escasos 16 años de vida.
Ya al final de aquel viernes, ambas jóvenes, sin siquiera imaginar entre ellas la existencia paralela de cada una, recibieron de manos de sus madres sendos obsequios. Emily tiene en sus manos los boletos aéreos que la llevarán hasta Francia, donde siguiendo la tradición familiar comenzará sus estudios universitarios en La Sorbona. Por su parte Samhia, aprieta con fuerza sus labios para no dejar escapar el grito de dolor y rabia al recibir su regalo, un nuevo velo negro, que le obligaría a ocultar los rasgos de tristeza que a tan corta edad comenzarán a marcar su rostro como consecuencia de tanta pérdida, de tanta muerte.
Reflexiones en medio de un catarro
A veces enfermarnos nos vuelve más lúcidos o nos trae delirios que, una vez superada la afección, nos dejan algunas certezas
Janet Marilyn Hernándezhuellaluminosa@hotmail.com www.espacioblog.com/vidajoven
Es normal que en ciertas épocas del año empiece a llover o a hacer un calor tan infernal que traiga como consecuencia que todo el mundo se enferme. La calle, entonces, termina convertida en un gran dispensario donde todos se automedican, se recomiendan brebajes supuestamente milagrosos y se intercambian tarjetas de doctores con habilidades que –según dicen- escapan a la simple pericia humana. La vida se convierte en un concierto de moqueos y estornudos de gente que vaga sin saber muy bien lo que hace, conducida por 41 grados de temperatura.
Sospecho que en el transitar de las enfermedades hay un orden como en la cadena alimentaria. Los más fuertes se enferman primero con las versiones más suaves de los virus que les aquejan y que en sus cuerpos de defensas altísimas mutan hasta volverse pequeños aviones de combate que vuelan hasta la víctima siguiente y así sucesivamente, hasta llegar al más debilucho, al último de la fila, al que anda casi desprotegido y, paradójicamente, en lugar de ser atacado de primero lo es de último, cuando la gripecita es ya un monstruo de dimensiones inimaginables, que le lanza en cama por semanas enteras en las que respirar y dormir se vuelve tan difícil como acertarle una pedrada a un F-18.
Sospecho, además, por mi propensión a enfermarme primero que todo el mundo, que no estoy entre ese grupo de desfavorecidos que mira de reojo a los griposos y se alegra dentro de sí por su aparente fortaleza, pero que luego termina más estropeado de lo que nunca imaginó, sonándose la nariz de último, cuando ya todos se curaron y ven con extrañeza que aún alguien conserve el virus, como las abuelas que conservan estampillas antiguas cundidas de jejenes.
Es comprensible, de ser cierto, el itinerario de los virus. Uno debería hacer lo mismo en la cotidianidad: enfrentarse primero a lo más rudo para salir fortalecido y que, en el futuro, los percances menores sean pan comido. Pero uno no es un virus y, por lo tanto, no es tan astuto. Los virus atacan para vivir, para nutrirse, para hacerse más fuertes. Atacan a moles tan grandes que ni siquiera pueden detectarlos a simple vista. Los virus son de izquierda: se enfrentan a los fuertes para así fortalecerse y viven en comunas igualitarias, sin destruirse entre sí.
El hombre, tan gigante como idiota, usa su supuestamente avanzado cerebro para desarrollar una cobardía y ociosidad tales que le llevan a enfrentar a sus semejantes y no para su bien, sino para el mal de todos.
He fantaseado, en medio del primer gran catarro del año, que los virus –como éste que no me permite parar de lagrimear y toser- se reúnen en una convención mundial de organismos inteligentes y se ponen de acuerdo para infiltrarse en esas partes del mundo donde algún hedonista se satisface matando. He delirado con la idea de que muchas arañitas microscópicas muerden sin piedad al piloto de un avión de ataque y lo dejan debilitado, sin defensas, estornudando en su tiendilla improvisada en Gaza, sin poder lanzar ni una bomba más, sin poder matar a un humano más.
Se me ha ocurrido que un contingente de parásitos tan sabios como inmundos se aventura a entrar por la boca del mandamás de alguna potencia involucrada en la guerra y, una vez en su sistema digestivo, inicia una lucha a muerte con la flora intestinal de ese genocida que se cree amo del mundo. Imagino sus cólicos y que la diarrea le impide girar nuevas órdenes para acabar con quienes no gozan de su simpatía y, entonces, en medio de mis ya no sé cuántos grados de fiebre, noto como una sonrisa se me dibuja en el rostro de tan sólo imaginar el estómago revolucionado y la frente sudorosa del opresor oprimido por un virus saltarín que, antes de él, pudo haber tocado a un negro, a un latino y, quién sabe, a un palestino, pero que lo ha tocado de último a él porque su miseria no le dejó merecer un puesto mejor en la fila: es el más débil, el que sin aviones y sin carne de cañón no podría más que seguir con sus rancios rituales en el Skull & Bones, no podría pretender más que la existencia pusilánime que disfraza con su traje de matón.
Me permito, además, construir en medio de mi fiebre la historia de esos parásitos liberadores de pueblos: seguro viajaron entre las plumas de algún pavo de acción de gracias al que no se le perdonó la vida; seguro habitaron el cuerpo del asesino durante semanas enteras, en silencio, engordando a costa de la basura acumulada en ese cuerpo sin corazón, haciendo de la calma su arma más potente, cual guerreros de Troya aguardando en la panza del gran caballo de madera y ahora, justo ahora, salen a combatir con la esperanza de que un retorcijón sea el prefijo para un procedimiento por el bien de la raza humana: atacan movidos por la ilusión de que en las deposiciones líquidas del genocida se vaya también el deseo de matar.
Y es en esa aspiración casi estúpida que las neuronas se chamuscan por la fiebre que, al ceder, habrá de devolverme a la realidad: habrá quien siga vistiendo el planeta de sangre y los parásitos poco o nada podrán hacer para evitarlo. Me río del ingenuo castigo que imagino y, al mismo tiempo, me satisface que esa fantasía tan infantil sea la muestra más contundente de que estoy entre el grupo de los fuertes que se enferman primero y no de esos tan débiles que, ya casi muertos, parecen no enfermarse y no cesar en su deseo de destruir.
domingo, 11 de enero de 2009
¿Impredecibles y necesarias?
Acá un texto de un buen amigo que quisiera compartir con el resto de mis compañeros. Este es un espacio para el debate, todos podemos participar...
Yomar José Araujo
Etimológicamente se conoce con el término de werra, con el significado de contienda, su equivalente latino es bellum, y de esa palabra han quedado en español las voces bélicas, belicosas, beligerantes. Partiendo de este concepto, se sabe que la guerra es algo que siempre ha existido, en todos los aspectos, aunque de manera distinta está siempre presente aunque no se quiera.
Desde el punto de vista filosófico, la guerra no se podría llamar como ilícita, ya que siempre existirá el derecho de la autodefensa o la legítima defensa contra el enemigo cuando ataca de manera injusta a un objetivo. Sin embargo, para que esta sea ilícita realmente se deben conjugar una serie de características fundamentales. Tomando en cuenta que la principal es el no perjuicio de terceros durante su desarrollo. ¿Pero existe alguna manera de evitar esto?
A través de los años y luego de la segunda guerra mundial, ha quedado demostrado que la mayoría de las pérdidas son civiles, siendo la defensa del bien público, el riesgo que puedan tener los mismos agredidos. ¿Pero será considerada la matanza injusta?
En el libro El arte de la guerra, en unos de sus párrafos, se menciona, “La guerra hay que ganarla antes de declararla o de que existiera en si misma”. Está claro que quien va a la guerra no quiere nunca perderla y hará todo lo posible para dominar al enemigo. Sin embargo, si compramos esta idea con el pensamiento moderno de la guerra, podemos obtener lo que es la guerra justa, que en sus principios fue representado por Tomás de Aquino. Además, se conoce que la guerra moderna es la continuación de la política por otros medios y que el fin del mismo es desarmar al enemigo. No exterminarlo, naciendo de acá el desarme mutuo, lo que imposibilita toda guerra y da paso a la política.
La manera en la que se inicia una guerra es a veces impredecible, tomando en cuenta, los propósitos de los combatientes. Si partimos del ejemplo de las guerras romanas y su objetivo militar principal, era tomar control de los combatientes contrarios, para incluir al pueblo una vez conquistado al imperio. En el pasado decir que existían reglas para una guerra seria mentir. Sin lugar a dudas, esto ha variado a lo largo de la historia. En la actualidad, se hace distinción entre conflictos armados y guerras. Partiendo de acá, un conflicto armado sólo sería guerra si los beligerantes declaran de manera formal la misma.
La guerra en la mayoría de los casos debe estar fundamentada en una razón, sea buena o mala. Sin embargo, no en todos los casos se da esto. Desde la invasión de los Estados Unidos a Irak, se ha demostrado con la justificación de existencia de armas de destrcción masiva, que la misma falló. Pero de igual manera la guerra continua y día a día nos damos cuenta que esto tenía otras intensiones.
Para finalizar, la guerra es una de las viejas formas de relación entre Estados. Suponiendo esta el enfrentamiento organizado de grupos humanos armados, con el propósito de controlar recursos naturales o humanos. Pero está claro que jamás existirá una guerra justa. Además, debe estar fundamentada, controlada de tal manera de incluir a terceros, esperemos que algún día la sociedad entienda, que es algo que nunca podrá erradicarse, pero si se quiere en la medida de lo posible se puedan evitar para el beneficio del mundo entero…
Yomar José Araujo
Etimológicamente se conoce con el término de werra, con el significado de contienda, su equivalente latino es bellum, y de esa palabra han quedado en español las voces bélicas, belicosas, beligerantes. Partiendo de este concepto, se sabe que la guerra es algo que siempre ha existido, en todos los aspectos, aunque de manera distinta está siempre presente aunque no se quiera.
Desde el punto de vista filosófico, la guerra no se podría llamar como ilícita, ya que siempre existirá el derecho de la autodefensa o la legítima defensa contra el enemigo cuando ataca de manera injusta a un objetivo. Sin embargo, para que esta sea ilícita realmente se deben conjugar una serie de características fundamentales. Tomando en cuenta que la principal es el no perjuicio de terceros durante su desarrollo. ¿Pero existe alguna manera de evitar esto?
A través de los años y luego de la segunda guerra mundial, ha quedado demostrado que la mayoría de las pérdidas son civiles, siendo la defensa del bien público, el riesgo que puedan tener los mismos agredidos. ¿Pero será considerada la matanza injusta?
En el libro El arte de la guerra, en unos de sus párrafos, se menciona, “La guerra hay que ganarla antes de declararla o de que existiera en si misma”. Está claro que quien va a la guerra no quiere nunca perderla y hará todo lo posible para dominar al enemigo. Sin embargo, si compramos esta idea con el pensamiento moderno de la guerra, podemos obtener lo que es la guerra justa, que en sus principios fue representado por Tomás de Aquino. Además, se conoce que la guerra moderna es la continuación de la política por otros medios y que el fin del mismo es desarmar al enemigo. No exterminarlo, naciendo de acá el desarme mutuo, lo que imposibilita toda guerra y da paso a la política.
La manera en la que se inicia una guerra es a veces impredecible, tomando en cuenta, los propósitos de los combatientes. Si partimos del ejemplo de las guerras romanas y su objetivo militar principal, era tomar control de los combatientes contrarios, para incluir al pueblo una vez conquistado al imperio. En el pasado decir que existían reglas para una guerra seria mentir. Sin lugar a dudas, esto ha variado a lo largo de la historia. En la actualidad, se hace distinción entre conflictos armados y guerras. Partiendo de acá, un conflicto armado sólo sería guerra si los beligerantes declaran de manera formal la misma.
La guerra en la mayoría de los casos debe estar fundamentada en una razón, sea buena o mala. Sin embargo, no en todos los casos se da esto. Desde la invasión de los Estados Unidos a Irak, se ha demostrado con la justificación de existencia de armas de destrcción masiva, que la misma falló. Pero de igual manera la guerra continua y día a día nos damos cuenta que esto tenía otras intensiones.
Para finalizar, la guerra es una de las viejas formas de relación entre Estados. Suponiendo esta el enfrentamiento organizado de grupos humanos armados, con el propósito de controlar recursos naturales o humanos. Pero está claro que jamás existirá una guerra justa. Además, debe estar fundamentada, controlada de tal manera de incluir a terceros, esperemos que algún día la sociedad entienda, que es algo que nunca podrá erradicarse, pero si se quiere en la medida de lo posible se puedan evitar para el beneficio del mundo entero…
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