jueves, 7 de agosto de 2014

Venezuela, país de extranjeros

Fuente: www.lahuelladigital.com
“(…) El exilio y la soledad acompañan al que se va y al que se queda. Y cuanto más solo está el que se queda, tan extranjero es como el que se va”.

Doninyer Zapata.- Tres maletas que intentan resumir 32 años de vida, frases que buscan  justificar lo que nos cuesta entender, de apaciguar lo que en el alma quema. “El futuro de los hijos”, “la vida primero”, “es para mejor”, “vendrán tiempos mejores”. 

La madrugada nos recibe abrumadora con el clásico Cruz Diez y una larga cola (que a la postre será una de las últimas que haríamos) para obtener esos pases de salida para partir con rumbo a lo incierto, a lo desconocido, a lo nuevo que genera expectativas pero a la vez representa un enorme temor. Nos ha llegado lo que nunca imaginamos, la palabra exilio se hace ahora parte de nuestras vidas, de lo cotidiano.

Diego me mira con la inocencia de los 6 meses, tratando de encontrar quien sabe qué en los ojos de papá. Camila sólo imagina que va a otro paseo, que será una salida más a conocer y que pronto estará en su casa, con sus muñecas, con sus abuelos y sus amigos del colegio. Los miro, el alma está a punto de quebrarse otra vez pero ahí está ella, mi esposa, mi compañera, mi amiga, y recuerdo que no hay tiempo para fracturas internas. Volteo por la ventanilla del avión y Maiquetía comienza verse cada vez más pequeña, “algún día” pienso de manera dispersa, y luego antes de perder las costas de Vargas de mi vista completo la frase “algún día espero volver a verte, tierra y patria mía”.

Ya han pasado meses desde aquel día en el que huir con rumbo a lo incierto fue la única solución para tratar de encontrar la vida que nuestros hijos merecen y que se nos fue de las manos en Venezuela. Nuestra historia no es nada diferente a la de tantos otros: Solicitando asilo político como salida para dejar de ser perseguidos por pensar libremente, por ejercer el periodismo desinteresado y no el “periodismo militante”, por ser acosados y amenazados por el simple atrevimiento de denunciar al que se empeña en convertir a Venezuela en un espacio donde la crítica no tiene cabida, por negarnos a ser relacionistas públicos del poder.

Hace poco tropecé con una frase que me dejó pensativo por varios días. La misma decía: “duro es el exilio cuando los que te hacían reír a carcajadas están a países y continentes de distancia. Se envejece rápido siendo extranjero. El exilio y la soledad acompañan al que se va y al que se queda. Y cuanto más solo está el que se queda, tan extranjero es como el que se va”.

Con el tiempo, cuando sales de Venezuela por la razón que sea, vas perdiendo el miedo: el miedo a olvidar cerrar la puerta y la reja de tu casa con múltiples seguros y candados; a estar pendiente cuando el portón del estacionamiento abre lentamente porque alguien puede robarte; el miedo a sacar un celular en la calle o a caminar a cualquier hora de la noche; de retirar grandes cantidades de dinero en un banco (si tienes la dicha de poseerlo); de no poner papeles ahumados a tu carro para que el hampa no pueda ver lo que haces; a los motorizados y su caos cuando manejas; a la cola que vas a tener que hacer para comprar los alimentos, los insumos para una vida común. Con el tiempo se desvanecen los temores de una sociedad que va en franca decadencia, pero van apareciendo otros como el miedo a olvidar: olvidar lo que un día fuimos, lo que podemos llegar a ser como país, olvidar tus costumbres, tus calles, tus amigos, sus sonrisas, tus vivencias, recuerdos y buenos momentos, miedo a que un día como dice la frase “todos seamos extranjeros”, y el miedo al más grande de todos: volver algún día a Venezuela (si es que puedes) y descubrir rápidamente que ya queda poco o nada que buscar allá.

domingo, 13 de abril de 2014

El diálogo que pudo ser

El pasado jueves Venezuela se mantuvo atenta a las pantallas de sus televisores. Por primera vez en mucho tiempo una cadena nacional atraía las miradas de ciudadanos impávidos que tenían la posibilidad de ver representados sus intereses por políticos de los sectores que lideran las dos opciones más grandes del país.

Esta oportunidad, única para ambos bandos, planteaba la posibilidad de dar un paso inicial para frenar el caos en el que Venezuela está sumergida, que se acentuó a partir del 12 de febrero y que hasta la fecha ha cobrado la vida a 41 ciudadanos de distinto pensamiento político.

La oposición partía con un pergamino de peticiones. Liberación de detenidos o presos políticos, cese de la represión y designación de poderes autónomos al Ejecutivo Nacional. El Gobierno de Nicolás Maduro optó por demandar el reconocimiento político de su Mandato por parte del sector opositor, que desde abril de 2013 ha demostrado en distintas instancias (legales y otras no tanto) que le consideran ilegítimo.

Lo que fue

Las intervenciones, salvo contadas participaciones de ambos sectores se pasearon por lo mismo: tanto Gobierno como oposición se decantaron por el discurso tradicional que ha marcado la política venezolana en los últimos años, y que no es otro que señalar como culpable de todo al que piensa distinto.

La vocería del Gobierno se enganchó en un repaso por la historia contemporánea. Desde los señalamientos clásicos de fascistas y golpistas hasta la ya machacada y desgastada historia del golpe de Abril.

Algunos se atrevieron a hablar del índice GINI (mide nivel de desigualdad), de los avances en materia social (educación, vivienda, entre otros) pero sin entrar en detalles estadísticos necesarios. El Vicepresidente del área económica planteó de manera muy general los avances en su materia pero obvió por completo los problemas que aquejan a la población en el país: inflación y escasez.

Continuando con Ramírez, su gesto de señalar a mafias internacionales en torno al dólar paralelo, fue muy mal visto por quienes recordaron las denuncias en contra de Manuel Barroso (expresidente de la antigua Cadivi) quien salió de la institución sin investigación alguna luego de largos años al mando de la misma. También dejaron pasar (gobierno y oposición) la denuncia de Edmee Betancourt, en su breve paso por el Banco Central de Venezuela, del desfalco de miles de millones de dólares vía Cadivi por empresas de maletín.

La oposición por su parte, arrancó con una larga lista de demandas, ya mencionadas, y con una buena parte de su militancia mirando con no muy buenos ojos la asistencia a esa mesa de diálogo.

El panorama del discurso opositor se paseó también, en su mayoría, por señalamientos al sector Gobierno sin asumir error alguno en su maniobra o gestión.

Sólo la sapiencia de Henry Ramos Allup le permitió ceder algunas concesiones discursivas aparentes para luego demandar aspectos lógicos. Asumir que en abril de 2002 hubo un vacío de poder y luego un Golpe de Estado fue sin duda alguna un gesto astuto de Allup quien además tuvo el tino de argumentar con la Constitución para demostrar al Gobierno que ni el socialismo ni la FANB chavista tienen cabida o vida en nuestra carta magna.

Destacan a su vez las cifras presentadas por Omar Barboza, quien con números del Banco Central de Venezuela manifestó lo que todos conocemos: Somos el país con mayor escasez e inflación de América Latina, el que mayores ingresos presentó en la región y el sexto peor en crecimiento económico. 

Tampoco se pueden dejar por fuera las frases de Falcón y Capriles que en pocas palabras demostraban la importancia del éxito del diálogo. O hay diálogo sincero o nos matamos, o cedemos en nuestras posiciones radicales o la calle va a terminar de explotar.

Lo que pudo ser

Ambos sectores iniciaron el debate con la posibilidad de reconocer errores y demandar a su contrario. Sin embargo, desde el arranque de la discusión no hubo muestras de ello.

El Gobierno de Nicolás Maduro tuvo la posibilidad de enfriar la calle, dando una muestra de diplomacia política liberando a algún preso político y accediendo a ciertas peticiones del grupo opositor que se sentó en la mesa. Sin embargo, mantuvo su postura de tan sólo escuchar demandas y enviar a sus voceros a encender el diálogo y no llevarlo a ningún lugar.

Las típicas ofensas, características del discurso sectario y violento en la vocería gubernamental no se hicieron esperar. Palabras como golpistas, fascistas, se repitieron una y otra vez durante el recorrido sin mayores avances. En pocas palabras se perdió la posibilidad de conciliar.

La oposición también cayó en el discurso de siempre. Sin posibilidad de asumir errores y reconocer que aunque tienen la mitad de la voluntad política venezolana, la otra mitad también existe y no los quiere.

Si bien es cierto que el Gobierno se niega a entender que hay un descontento grande en una mitad del país, la oposición no reconoce que hay una base chavista que apuesta a la opción Maduro. Y mientras eso no suceda no habrá posibilidad de avance.

El diálogo planteaba de entrada una opción concreta: Que los sectores en pugna se reconocieran, que arrancarán con acuerdos previos y mostraran la voluntad de avanzar a una sociedad con políticos capaces de tener posturas diferentes, antagónicas, pero con posibilidad de respetarse y trabajar en función del bien común de Venezuela.

Sin embargo dado los discursos iniciales del primer día del diálogo es poca la esperanza que se puede tener en este, que sin duda debe o debería ser el camino lógico en cualquier democracia para lograr la paz, más en un país tan convulso y polarizado como el nuestro.

Los outsiders

La oposición venezolana asumió un alto costo político al sentarse en la mesa de diálogo. Sin embargo era lo que la actitud de un verdadero demócrata demandaba. No puede existir democracia sin reconocimiento del otro o al menos la voluntad de hacerlo. 

Sin embargo hay un peligro en Venezuela; Existe la oposición y la oposición de la oposición. Cansados de no ver cambios en la configuración política nacional, un importante grupo de venezolanos decidió desconocer al liderazgo clásico de la oposición actual (Capriles y la MUD) para pasar a la llamada resistencia, encabezada por partidos como Voluntad Popular y políticos como Maria Corina Machado, Antonio Ledezma, y la dirigencia estudiantil.

Para María Corina el diálogo no fue más que "una farsa" que buscaba "lavar la cara del régimen" mientras que los estudiantes insistieron que se mantendrán en las calles para exigir un cambio y rechazar las muertes y torturas ya denunciadas.

Ante este panorama, con un Gobierno que llama al diálogo mientras su vocería mantiene el discurso de odio y confrontación (recordar tweet de Diosdado Cabello entre otros), una oposición que no reconoce al Gobierno de Maduro y que debe luchar con sus pugnas internas, y los outsiders que no ven diálogo posible y que apuestan a una "salida" diferente inició el diálogo.

Por ahora vendrán comisiones, que podrían bien traducirse en soluciones viables que respondan a los problemas ciudadanos, calmen las pasiones y por ende mermen la protesta, o por el contrario en la burocracia clásica que convierta la comisión en subcomisiones de comisiones a la cuales será imposible seguirles el paso y conducirán lógicamente a la nada.

Del diálogo dependerá el futuro de Venezuela. Un resultado positivo puede encauzar realmente al país hacia un camino de reconocimiento y progreso, de trabajo en equipos respetando las diferencias, de ganancia real para ambos sectores hoy en pugna. Su fracaso será combustible para la protesta y la excusa perfecta para buscar salidas ajenas a la democracia.

Esperemos que entonces el diálogo se vaya por el camino de lo que pudo ser y no por lo que se ha demostrado hasta ahora.

domingo, 2 de febrero de 2014

Cuando lo que abunda es la impunidad

Resulta difícil de entender en qué momento nos asaltó la costumbre mal sana de hacer colas para obtener cualquier cosa. De sonreír como mecanismo conformista ante tantas situaciones irregulares. Hace poco (y me disculpo por caer en lo anecdótico) en un supermercado de Caracas un grupo de ciudadanos hacía pacientemente una cola. Al preguntarle para qué era la misma, la mayoría coincidía en la respuesta "no tenemos ni idea pero seguro será algo que hace falta".

Inicialmente (o al menos hace algunos años), las colas eran estrictamente reservadas para aquellos establecimientos que con precios irreales (y que sólo podían ser mantenidos por un Estado con gran bonanza petrolera) ofrecían una alternativa distinta a los venezolanos de escasos recursos. Sin embargo, con el pasar del tiempo y ante una crisis acentuada especialmente en el último año, la escasez ha dominado el comercio de bienes y servicios en Venezuela. Ya no es exclusivo tan siquiera de los alimentos, sino que se ha trasladado peligrosamente a otros elementos no menos importantes o esenciales para los Venezolanos.

A los 16 productos que forman parte de la cesta básica alimenticia que desde hace mucho no se encuentran en los anaqueles de supermercados (sean del Estado o privados) o que para adquirirlos requieren de una inversión de tiempo y paciencia incalculable, se suman otros elementos como pasajes aéreos, medicamentos, alquileres de viviendas, vehículos, repuestos, electrodomésticos, entre muchos otros.

Los culpables y las causas


¿Quiénes son los verdaderos culpables de tan deplorable situación económica? ¿Existe realmente en Venezuela una guerra económica? Difícil determinarlo, pues ambas interrogantes parecen tener su génesis en diferentes sectores, tanto privados como del Estado. Sin embargo este último, en su rol constitucional de garantizar la estabilidad política y económica de la nación lamentablemente ha fallado.

La polémica se enciende cuando evaluamos las medidas en torno al sector económico o al menos de divisas. Si bien es cierto que en Venezuela, durante el año 2002 fue necesario aplicar un control de cambios para evitar que las reservas internacionales continuaran su descenso, en medio de una frenética confrontación de modelos políticos, los vicios en torno a Cadivi y los mecanismos para controlar la moneda extranjera no se hicieron esperar.

Así nació el recién bautizado más no nuevo "Cadivismo", donde hombres y mujeres, sedientos de divisas, se llenaron los bolsillos tramitando y obteniendo dólares con empresas fantasmas para luego ser canjeados en el mercado paralelo alimentando una inflación galopante. Lo mismo pasó con los llamados cupos viajeros, y las ya famosas mafias raspa cupos que hicieron de Panamá, Perú, Colombia, entre otros países economías sumamente prósperas en su momento.

El mercado paralelo se robusteció, amparado en un sistema burocrático (no heredado de la Cuarta República) que hizo muy difícil a las empresas acceder a las divisas necesarias para su funcionamiento, y es aquí dónde el Estado falló y sigue fallando una vez más.

¿Qué habría pasado si Cadivi hubiese otorgado de manera correcta las divisas y posteriormente auditado el destino de las mismas? ¿Habrían las empresas requerido asistir al mercado paralelo con tanto interés? ¿De haberse trabajado de manera correcta con Cadivi, Sitme, y otros mecanismos, las personas habrían viajado al extranjero sabiendo que al volver encontrarían empresarios sedientos de dolares o euros para cubrir sus necesidades? ¿Qué sería de la inflación? ¿Con las divisas a la mano existiría tales niveles de desabastecimiento? Muchas preguntas, pocas respuestas, una sola realidad: Nuevos controles, mucho más estrictos, donde justos pagan por pecadores.

Del contrabando millonario

 
Hace poco se anunció una dura lucha contra el contrabando de extracción en la frontera venezolana. Los primeros señalados por el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello Rondón, y el Vicepresidente de la República Jorge Arreaza, fueron sin duda los empresarios privados. Dentro de los eternos molinos de viento de nuestros Quijotes errantes, el sector empresarial siempre ha sido considerado un gigante a vencer, y vaya que en gran medida se ha logrado.

La empresa privada honesta, esa que trata de sobrevivir con grandes deudas para pagar a sus proveedores por las dificultades de acceder a las divisas, que sigue asfixiada, pasó de conformar una economía de mercado a una prácticamente estatizada y controlada.

Sin embargo llama la atención el hecho de que 43 militares de rango de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana fueran trasladados o removidos de sus cargos ocupados precisamente en la frontera del Zulia con Colombia. Para nadie es un secreto que se han amasado grandes fortunas gracias al contrabando de alimentos y combustible desde Venezuela hacia el vecino país.

No obstante, hasta ahora nadie es señalado, juzgado o sentenciado. No es que los venezolanos estén en contra de aniquilar el contrabando. Por el contrario, sería una ayuda enorme para frenar la escasez creciente e insostenible a la que han sido sometidos los estados fronterizos de nuestro país, pero como siempre, no existen culpables pesados cuando el riesgo político es demasiado elevado.

En su momento Edmée Betancourt señaló, durante su gestión breve frente al Banco Central de Venezuela, que empresas de maletín habían desfalcado 20 mil millones de dólares al Estado venezolano tan solo en 2012, y se habló del "cadivismo" como si fuera un mal heredado, cuando es obra de la naciente República. Hasta la fecha, quien fuera por largos años presidente de la institución (Coronel Manuel Barroso) sigue sin rendir cuentas, sin ser tan siquiera interrogado, como si su gestión de más de seis años nunca hubiese existido. ¿Lo peor? Todos los días me repito: Si las divisas las maneja el Estado por medio de controles ¿A quién le interesa un mercado paralelo elevado absolutamente distorsionado para llenarse los bolsillos?

Lo mismo pasa en la frontera: políticos y empresarios logran grandes fortunas mandando a Colombia y Brasil alimentos y combustible, ante la mirada complaciente y comprada a fuerza de billetes de algunos elementos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y de otros cuerpos de seguridad. No existen culpables, solo trasladables a otras unidades para intentar tapar el sol con un dedo.

No hay nada más peligroso para cualquier sistema social que la impunidad. Nada se resuelve con cambiar piezas en un tablero, si se dejan pasar crímenes que afectan el sano desenvolvimiento de la economía y la vida venezolana.

Peor que una "narco novela" es una "corrupta realidad", esa donde los niños aprenden rápidamente que resulta más cómodo y sencillo vivir como un parásito contrabandista de divisas y productos que como un honesto trabajador de la República.

Mientras los que se han hecho millonarios entre trampas con divisas y pasando combustible y alimentos por nuestras fronteras sigan libres e impunes, no existirá un verdadero cambio en Venezuela.

Twitter: @vozcontalento
Instagram: @doninyer


domingo, 12 de enero de 2014

Entre lo astuto y lo macabro

Sus molinos no eran más que creaciones absurdas, no de su locura, sino de su mente astuta. Reconociendo en la ineficiencia a su peor enemigo, se veía obligado a perseguir culpables que solo existían en su macabra cabeza.

Despertar

Fugazmente creyó encontrar en palabras la ilusión ya perdida. Pero los hechos, siempre rotundos, incluso más que la palabra misma, golpearon ese sueño.

Se vio entonces a sí mismo. Tirado en el suelo lo comprendió, no estaba noqueado, derrotado ni vencido, sino confundido, como aquel que de pronto, a la misma velocidad que el día cede su espacio al anochecer, no se encuentra, no pertenece, que está en la mitad de lo incierto, como poseído por una fuerza brutal que a su vez lo deja en una bruma espesa que le impide conocer en qué lugar está o que en su defecto le indica que su devenir le pertenece a la nada.

No se preguntó, no se reprochó, ya no había tiempo para eso. Miró su reloj, el tiempo, implacable, rutinario, seguía su curso, consumía los segundos, a veces dejando una percepción de correr lento, en medio de un tedio insoportable y otras a una velocidad de rapidez anormal, pero siempre coincidiendo en un punto: sin detenerse jamás. Descubrió que entre discursos vacíos, cargados de ideas no respaldadas en actos, desgastó y desperdició momentos, afectos, cercanías y sentimientos ¿Cuánto había perdido persiguiendo el sueño falsamente vendido? ¿Hasta dónde llegó la inocencia de creer sin la necesidad de ver?

Temió, se asustó como un niño ante la oscura noche y sus sombras, como las aves ante la presencia de un hombre o de cualquier depredador. Había comenzado a formularse preguntas, interrogantes que lo torturaban, lo castigaban. Sabía las respuestas y entonces esa sensación omnipresente de incertidumbre se unió a una incomodidad parecida a la rabia. Inmediatamente surgieron nuevas dudas: ¿Cómo no se dio cuenta? ¿Cómo no lo vio venir?

Respiró hondo, seguía tendido en el suelo. El azul del cielo era claro, el ambiente fresco, amable, como una tarde fresca de Caracas en marzo. Sin embargo la bruma seguía en su mente, nublaba su pensamiento y le restaba fuerzas. Aun sabía que no estaba derrotado, vencido o acabado, su voluntad seguía intacta, recordaba que en algún lugar y momento su temple fue de acero.

Reflexionó, sabía que no podría pasar mucho tiempo así, echado en el suelo, pues su vida no se lo permitía y su dinámica mucho menos. Sin embargo aprovechaba este tiempo de posible confusión, de pensamientos turbios, para entender que los actos siempre dirían más que las palabras, que los discursos que no se asumen en estilos de vida con el tiempo se desgastan, y que no vale la pena invertir mucho esfuerzo en ellos porque tarde o temprano por ese camino transitan hacia el fracaso.

Se levantó y caminó, no tenía rumbo ni destino cierto, pero en ese pequeño cambio que implicó pasar del suelo a estar de pie había dejado un gran peso. Su andar era distinto. Con cada paso lograba recordar quien era, se sentía libre, sin las ataduras de mantenerse fiel a un absurdo, a una mentira, al concierto del desconcierto. Aunque improvisaba su ruta era al menos la suya y no la impuesta por otros, que sin saber a dónde iban naufragaban de coyunturas en coyunturas, de planes fallidos a otros peores, improvisando un batallón de sin sentidos para recomenzar el armado de un rompecabezas que de tanto reordenar y reimpulsar ya no recordaban como era o que buscaba.

Sonrió. Era libre de pensar, decir y actuar pues ya no había temor a lo que podía perder. Ya sus palabras no serían comedidas para salvar lo insalvable. Ya no habría más charlas de grupos de inconformes timoratos que en la complicidad y confidencialidad de los silenciosos rincones murmuraban molestias que en público eran calladas para salvar las apariencias. Ya no había que
inventar excusas o fabricar culpables inexistentes.

Disfrutó, siguió caminando sin saber a dónde o sin preocuparse en lo inmediato en conocer su destino. Pasó tanto tiempo disimulando sus palabras, midiendo sus comentarios, disfrazando y encubriendo frases, que sintió era su momento de ser libre, de andar y decir sin restricciones.

Nunca supo, desconocía cuánto tiempo estaría así, si nuevamente volvería a ser brutalmente castigado y enviado al suelo, pero no le importó pues sabía que con cada experiencia quedaría una marca y con esta cicatriz a su vez un aprendizaje, así que si se repetía la historia, por algún azar del destino, sería por otra razón y no por haber defendido un discurso, palabras que fugazmente le vendieron la utopía de recuperar la ilusión perdida, pero que ante los hechos quedaron sin fuerzas, tal como las olas que al nacer son sumamente poderosas, con capacidad de mover una gran masa, pero que durante su recorrido van perdiendo el ímpetu, llegando así a la orilla sin la majestuosidad inicial, condenadas a una muerte que le impedirá renacer, renovarse o volver de alguna manera.