Tras leer algunas crónicas literarias de Gabriel García Márquez publicadas en El Universal de Cartagena y que datan de 1948, cuando la violencia política comenzaba a asomarse con mayor virulencia en Colombia, sólo puedo pensar que la única razón por la cual el gran escritor y periodista no terminó en la cárcel, o en una cuneta bañado por su porpia sangre como muchos otros fue porque no existía (ni existe creo) la posibilidad de que militar alguno pudiera entender la profundidad de su pluma.
Pasan los años y aunque en la América Nuestra siguen los dramas, aunque algunos militares han evolucionado en su pensamiento (tristemente para dominar y no para emancipar), sigo creyendo firmemente que no existe mayor contradicción discursiva que la forma en que han sido bautizadas ciertas instituciones castrenses dedicadas a la persecución, tortura y en los casos más destacados (si es que cabe la digna palabra) a la investigación de los ciudadanos. Me refiero pues, sin más preámbulos, a la mal llamada "Inteligencia Militar".
