miércoles, 3 de agosto de 2016

Las joyas del "Gabo".

He invertido parte de mi tarde leyendo esta joya de García Márquez (perdonen ustedes la redundancia). En ella pude encontrar varios artículos del colombiano en su faceta periodística (quizás menos famosa que la de escritor de literatura, pero igual de exitosa), no obstante fueron cuatro textos los que llamaron poderosamente mi atención, por lo trascendentales desde un punto de vista histórico, por lo claro de su ideal político y a la vez por la astucia que le dejaron los años de militancia en el oficio de la imprenta.

Los dos primeros, publicados en la revista "Alternativa" y que llevaron por títulos "El golpe sandinista. Crónicas del asalto a la casa de los chanchos"; y el segundo "Chile el golpe y los gringos", son una muestra clara en la que el escritor colombiano deja al descubierto su voluntad de izquierda, y además un paseo literario (utilizando el género de la crónica) por las revueltas revolucionarias en países distintos que intentaron de manera infructuosa hacer su propio camino.

Sin embargo en otro texto titulado "El enigma de los dos Chávez" en el que narra el encuentro-entrevista que pudo realizar al militar y presidente venezolano Hugo Chávez en febrero de 1999, García Márquez deja abierta la incognita de lo que podría ser el comandante devenido a político en el curso de los próximos años al afirmar que "Mientras se alejaba entre sus escoltas de militares condecorados y amigos de la primera hora , me estremeció la inspiración de que había viajado y conversado a gusto con dos hombres opuestos. Uno a quien la suerte empedernida le ofrecía la oportunidad de salvar a su país. Y el otro, un ilusionista que podía pasar a la historia como un déspota más".

El "Gabo" respondería a su manera esta suerte de pregunta dejada al azar. Con un silencio evidente desaparecería de la escena venezolana dando a entender, como le confesara más tarde al político venezolano Teodoro Petkoff, que no le gustaba que lo utilizaran. Era de izquierda, sí, pero tenía el olfato político para saber cuando no tenía que meter sus manos en el fuego por tiranos uniformados.

Finalmente el texto que más me cautivó y a la par generó en mi una mezcla de tristeza y desaliento fue el que dedicara a Don Guillermo Cano, periodista insigne colombiano con quien tuvo el placer de trabajar y con quien desarrollara una profunda amistad de años. En el texto no sólo detalla por qué Cano fue reconocido como un baluarte del periodismo en su país, sino además cómo fue el artífice de lo que a la postre sería una de las obras literarias más reconocidas de García Márquez mundialmente "Relato de un Náufrago". El texto fue redactado cuando Colombia era azotada por el flagelo del narcotráfico, en su época más oscura, cuando la metralla en una de tantas ocasiones se impuso a la idea y cuando por unos cuantos dólares las balas silenciaron la vida de don Cano.

La tristeza me invadió de inmediato. No sólo porque el Gabo me hizo recordar aquel sensible episodio del periodismo colombiano, sino porque además (y de inmediato disculpo a los colegas que no comprenden el guiño) en mis años de experiencia en el periodismo no he podido estar tan siquiera cerca de compartir una sala de redacción con un director de noticias como Guillermo Cano y un colega periodista como el " Gabo".