martes, 20 de diciembre de 2011

Surcos

Surcos que se dibujan en tu piel. Violentas líneas que se han anclado definitivamente en tu cuerpo. Pequeñas huellas que recorren tu vientre de norte a sur, de este a oeste. Ligeras marcas que irrumpen en tu geografía…

Por favor: ¡No las desprecies! ¡No reniegues de ellas! no las escondas por temores absurdos sembrados en la suciedad de la “sociedad”. Ámalas, aprécialas, siéntelas. Son ellas la muestra de un amor puro, inigualable, inalcanzable; el recuerdo de lo que debe mantenerte en pie, por el que debes luchar. Son reflejo del ciclo de la vida, algo que te hace más humana, más hermosa, más perfectamente imperfecta, que te convierten en lo más sublime y que te dan el título más importante y maravilloso que pueda existir: el de madre.

Huracán

En este momento de calma y equilibrio he clausurado mi participación en el huracán a donde se pretende arrastrarme.

Sucede que llegar a un estado como este requiere, como mínimo, una profunda reflexión de lo que hemos vivido, una especie de recolección de los pasos que hemos transitado para bien o para mal, para así descubrir que el lugar donde estamos no es producto de ningún azar del destino sino por el contrario una consecuencia de nuestras andadas.

Y es entonces, cuando evaluamos ese espacio pasado lleno de aciertos y fallos, de avances y ciertos retrocesos, que nos toca decidir si el hoy, ese presente que vamos consumiendo minuto a minuto, es lo que deseamos o no…

En ese proceso ando, descubriendo algunas cosas de mi que jamás pensé encontaría, recibiendo sensaciones producto de experiencias maravillosas que hace mucho no percibía, sintiendo de manera especial, renaciendo, renovándome, encontrando a Doninyer, viviendo a Alexander y reafirmando la concepción de lo que debo dar y recibir…

Y es tan maravillosa esta experiencia personal, íntima, tan privada, alimentada por la esperanza y la inocencia, la sonrisa y la bondad, que no puedo ni debo dejarme llevar por la furia de un huracán desatado que sólo busca destruir lo que se construyó en tantos años…

Ya no es solo una convicción… Es una necesidad…

lunes, 5 de diciembre de 2011

Decepción

Se me ocurre de pronto, así de golpe, sin nigún tipo de aviso, sin oportunidad de identificar o conocer un por qué, sin la necesaria pausa que concede inmediatamente la calma, que en ciertos y particulares aspectos de mi vida he invertido de manera inadecuada mi tiempo, distibuyendo erróneamente este valioso recurso, un hecho que genera en mi una profunda decepción, porque después de pensarlo con detenimiento determino que el único responsable de un error de tal magnitud soy sólo yo... Sólo yo...