miércoles, 25 de febrero de 2015

Reflexiones

Un día, sentado en un estudio de televisión, tratando de entender la trastocada realidad editorial que hasta hace poco me había tocado vender, entendí que había llegado a un punto sin retorno. Me dije: Lo que más he amado en la vida ha dejado de vivir y nos ha condenado a todos a sobrevivir. No me atreví (ni aun me atrevo) a señalar culpables. Sin embargo, con esa frase comenzaba de manera silenciosa e insospechada la despedida con mi gran amor, Venezuela. A partir de entonces ya nada sería igual.

No hay comentarios: