Ex convicto y especialistas narran historias y ofrecen sus opiniones acerca del tema. Diversas organizaciones muestran una luz al final del camino.
Es una tarde soleada en la Redoma de Ruíz Pineda de Caricuao, una población incrustada en el oeste de Caracas y uno de los sitios más peligrosos de la ciudad según las últimas cifras del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (CICPC). Al fondo (quizás por casualidad) un buhonero coloca a todo volumen la canción Mi Libertad de Frankie Ruiz, para que José Pérez, alias “Joseito el enano”, con cerveza en mano y una sonrisa que el tiempo no termina de desgastar, nos comience a relatar su historia.
“Hermano, lo que pasa es que uno desde pequeño lo que estuvo fue en la calle. Mi mamá no podía criarnos a todos, y mis hermanos y yo nos tocó rodar día a día pa´ traer algo pa´ comer. De pana no es una excusa, pero yo con hambre y arrechera ¿qué iba a hacer? Agarraba lo que se viniera sin pararle bolas a nada. Después alguien me ofreció vender Bazuco y otras vainas ahí y bueno arrancó esta vida que lleva ya 42 años”.
“Las dos veces que estuve preso fue por mala leche. La primera vez sólo estuve tres meses por averiguaciones y eso me bastó para decir que no pisaba la cana más nunca. Pero que va hermano, la ley de la calle no te da chance de nada y bueno, por ahí uno se quiso comer la luz y lo bajamos. 15 años me metieron loco, 15 malditos años encerrado vendiendo piedra y peleando con un chuzo en la mano hasta para ir al baño”. Y así continuó aquella charla que se paseó por los escenarios más terribles de la prisión.
“En la cárcel tu pagas por todo, si te enculebras te quiebran y si te dejas montar la pata terminas siendo la mujer de alguien. Ahí nadie respeta la vida de nadie, eres tú sólo contra el mundo. La cárcel no es más que la universidad del malandro, es el infierno, pues tú sales odiando a todo el mundo, pues la gente te mira como basura, como mierda; uno sale sin miedo a nada y con una sola consigna… Primero me quiebran antes de volver a pisar una cana”.
La historia de José es sólo una de las tantas que se pueden escuchar hoy en día en varias zonas de nuestra geografía. Jóvenes que cometen delitos de cualquier índole y terminan pagando condenas en prisiones con serios problemas de hacinamiento, violencia y violaciones a los derechos humanos. Ante este panorama, se consultó a expertos para conocer si luego de estar en prisión, un hombre está preparado para afrontar una sociedad que por razones desconocidas le es hostil.
Hablan los especialistas
La doctora María Elena Rodríguez, abogada especialista en Derecho Penal y miembro del Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP), cuenta que “la decisión de cambiar y poder volver a formar parte de la sociedad como un ciudadano más está de tu parte. Si la misma persona no quiere modificar su conducta entonces no se puede hacer nada”.
La doctora Rodríguez continúa indicando que, si bien es cierto que existen casos complicados como cuando el ex convicto, no cuenta con el apoyo de nadie, eso no puede convertirse en una excusa. “Basta con acercarse a los tribunales penales y mirar a los mototaxistas que están trabajando a las puertas de esta entidad. La mayoría de ellos son jóvenes que pagaron condena y decidieron tomar otro camino. También podría servir de ejemplo la historia de Humberto Prado (director del OVP), quien estando preso decidió estudiar, prepararse y ayudar a los demás reclusos organizando actividades deportivas, lo que al final le valió un indulto presidencial. También tienes a José Argenis Sánchez, presidente de Liberados en marcha. Y como ellos muchos otros más. Por eso te reitero que la decisión está sólo en ti”.
Asimismo, la doctora Rodríguez admite que la situación en las prisiones no permite a los ciudadanos recluidos realizar actividades que los preparen para afrontar el reto de estar en la sociedad nuevamente. “Yo trato de explicar la realidad de la cárcel con un ejemplo simple. Un centro de reclusión es como tomar el barrio más peligroso de todo Petare, encerrarlo entre cuatro muros enormes y colocar a los guardias y custodios afuera de esas cuatro paredes”.
La licenciada en trabajo social, Irama Zerpa, también ofreció sus apreciaciones acerca del por qué existen casos donde los ex convictos vuelven a reincidir en el delito. “Son diversos factores los que pueden influir. La falta de apoyo familiar es uno de los más comunes, pues sin el soporte de tus seres queridos la vida después de la cárcel se hace más cuesta arriba. También se tiene el hecho de volver al mismo entorno físico ambiental donde cometías los delitos, y quizás uno de los más importantes, que es cuando la persona desea convertirse en un hombre nuevo y la misma sociedad le cierra las puertas y no le ofrece oportunidades. Es allí donde comienza la depresión y comúnmente se recae en el problema”.
En el mismo orden de ideas, el criminólogo Elías Neuman, citado en A la Sombra de la Sociedad, situación Penitenciaria en Latinoamérica, obra del Observatorio Latinoamericano de Prisiones, indica que “cuando se habla de readaptación social se da por sobreentendido que todos sabemos a lo que aludimos; pero nunca tuvo una definición, ni siquiera descriptiva. Y personalmente, en 40 años de profesión, nunca supe de nadie que se haya readaptado gracias al sistema. Puede que se readapten por tener una familia muy fuerte… Pero el tratamiento… ¿Cómo vamos a hablar de tratamiento si no existe el trato? Lo que existe es el maltrato”.
Una luz al final del camino
El artículo 272 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela dispone lo siguiente: “El Estado garantizará un sistema penitenciario que asegure la rehabilitación del interno o interna y el respeto a sus derechos humanos. Para ello, los establecimientos penitenciarios contarán con espacios para el trabajo, el estudio, el deporte y la recreación, funcionarán bajo la dirección de penitenciaristas profesionales con credenciales académicas universitarias…” En ese sentido la doctora Rodríguez (OVP) indica que en la actualidad “sólo existen los llamados CTC (Centro de Tratamiento Comunitario), donde la población reclusa que obtiene el beneficio de medida sustitutiva de cumplimiento de pena, asiste para lograr la reinserción social. No obstante sus condiciones no son las más óptimas. De resto no existe nada para apoyar al recluso al momento de salir de la prisión”.
No obstante, de manera independiente, existen algunas organizaciones que se han dedicado a esta labor de brindar apoyo a la población de ex convictos. Una de ellas es el Observatorio Venezolano de prisiones, ubicado en el centro de Caracas y quienes además de velar por el respeto de los derechos humanos de la población reclusa, constantemente dictan charlas y foros para tratar de apoyar a aquellos que buscan reinsertarse en la sociedad.
Otra iniciativa es el proyecto “Alcatraz”, una idea que nace de la empresa privada (ron Santa Teresa) y que opera desde el año 2003. Su misión principal es “reclutar jóvenes con problemas de conducta del Municipio Revenga, en el estado Aragua, Venezuela” a fin de convertirlos en personas útiles a la sociedad. Asimismo, esta organización considera que “la peor cárcel es uno mismo y el gran reto es escaparse de sí mismo”.
Otro grupo es el llamado “Asociación Civil Liberados en Marcha”, quienes desde hace más de tres años se dedican a brindar apoyo a las personas que han cumplido condena y que obtienen medida sustitutiva de cumplimiento de pena o libertad. Su director es el señor José Argenis Sánchez y su sede se encuentra en Guatire estado Miranda.
1 comentario:
excelente artículo, me permites publicarlo en mi pagina?
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