miércoles, 22 de junio de 2016

La amarga espera

Juan se levanta, se apresura y toma sus pertenencias para ir al trabajo. Ya han pasado varios años desde que por fortuna pudo obtener una beca para terminar sus estudios universitarios y luego conseguir un buen empleo para proveer a su familia. A paso acelerado besa la frente de su madre quien lo mira con el orgullo de quien ha vencido el miedo y está convencido que nada puede detenerlo. Juan recuerda que dejó sobre la repisa su licencia de conducir, camina hacia ella y al tenerla entre sus manos sonríe una vez más, ya no se siente en las sombras.

A miles de millas de distancia María prepara los alimentos para sus hijos que están a punto de ir a la escuela. Son tres jóvenes que nacieron en el país pero que a diferencia de muchos de sus compañeros, tienen padres indocumentados. María sonríe al verlos salir de la casa, sin embargo hay preocupaciones en ella. Ya hace más de una década que junto a Andrés (su esposo) abandonó su país natal para buscar un futuro mejor en un destino que les era ajeno. En ese lugar tuvieron a sus tres hijos, aunque ellos como padres, aun caminan por las sombras, con el temor de que en cualquier momento podrán ser separados de sus hijos por un cometer un solo delito: Quedarse en un país sin pedir permiso.

Daca (Juan) y Dapa (María y Andrés), dos programas que resumen el sueno de millones de indocumentados que quizás mañana o el próximo lunes conocerán su destino. Largo ha sido el proceso, que se enfrenta a la decisión de 8 jueces de la Corte Suprema quienes deberán determinar si Barack Obama actuó apegado a la ley o no, pero que en el fondo tomarán partido en torno a un tema aun más delicado: el sistema migratorio de los Estados Unidos, roto para algunos, perfecto para otros.

Los republicanos acusan a los demócratas por lanzar una medida justo cuando perdieron la mayoría en el Congreso y porque las acciones diferidas (Daca y Dapa) solo buscan ganar el apoyo de las minorías de inmigrantes que son tan decisivas en procesos electorales. En pocas palabras señalan a los demócratas de utilizar la inmigración como un movimiento sutil de ajedrecista que les garantice otros 8 años en el poder. Sin embargo en su mesa no hay propuestas, y la más importante que es la de su virtual candidato a la presidencia, se resume en una frase: deportar a 11 millones de personas que carecen de un estatus legal.

En la otra acera están los demócratas, encabezados por el presidente Barack Obama (principal promotor de Daca y Dapa) quienes insisten que el Congreso, de actual mayoría republicana, ha frenado todos sus intentos por aprobar una reforma migratoria, que ciertamente fue lanzada cuando ellos perdieron esa mayoría y que pudo aprobarse antes del 2012 cuando tenían todo a su favor. Son los demócratas los principales promotores de un cambio en materia de inmigración pero quienes a la par, han superado el número de deportaciones que tuviera en sus dos gobiernos Bush hijo, el último mandatario republicano en el poder.

Y en el medio, aferrados a sus santos, con la esperanza de salir de las sombras, hay mas de 5 millones de indocumentados, a quienes poco les importa la política, que en muchos casos no la entienden y que desean aportar a una sociedad a la cual han entregado todo recibiendo poco a cambio.

Son ellos los que sabrán muy pronto si la Corte Suprema les permite quedarse o no. Sin embargo esta es la primera batalla previa a otra trascendental que se viene en noviembre y que dependiendo del resultado podría mantenerlos aquí o expulsarlos definitivamente no solo a ellos sino a muchos otros que vinimos a este país a construir nuestro propio sueño americano.

El reloj avanza, la Corte Suprema tiene, por ahora, la primera parte de la decisión en sus manos.  

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