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| Fuente: www.lahuelladigital.com |
“(…) El exilio y la soledad acompañan al que se va y al que se queda. Y cuanto más solo está el que se queda, tan extranjero es como el que se va”.
Doninyer Zapata.- Tres maletas que intentan resumir 32 años de vida, frases que buscan justificar lo que nos cuesta entender, de apaciguar lo que en el alma quema. “El futuro de los hijos”, “la vida primero”, “es para mejor”, “vendrán tiempos mejores”.
La madrugada nos recibe abrumadora con el clásico Cruz Diez y una larga cola (que a la postre será una de las últimas que haríamos) para obtener esos pases de salida para partir con rumbo a lo incierto, a lo desconocido, a lo nuevo que genera expectativas pero a la vez representa un enorme temor. Nos ha llegado lo que nunca imaginamos, la palabra exilio se hace ahora parte de nuestras vidas, de lo cotidiano.
Diego me mira con la inocencia de los 6 meses, tratando de encontrar quien sabe qué en los ojos de papá. Camila sólo imagina que va a otro paseo, que será una salida más a conocer y que pronto estará en su casa, con sus muñecas, con sus abuelos y sus amigos del colegio. Los miro, el alma está a punto de quebrarse otra vez pero ahí está ella, mi esposa, mi compañera, mi amiga, y recuerdo que no hay tiempo para fracturas internas. Volteo por la ventanilla del avión y Maiquetía comienza verse cada vez más pequeña, “algún día” pienso de manera dispersa, y luego antes de perder las costas de Vargas de mi vista completo la frase “algún día espero volver a verte, tierra y patria mía”.
Ya han pasado meses desde aquel día en el que huir con rumbo a lo incierto fue la única solución para tratar de encontrar la vida que nuestros hijos merecen y que se nos fue de las manos en Venezuela. Nuestra historia no es nada diferente a la de tantos otros: Solicitando asilo político como salida para dejar de ser perseguidos por pensar libremente, por ejercer el periodismo desinteresado y no el “periodismo militante”, por ser acosados y amenazados por el simple atrevimiento de denunciar al que se empeña en convertir a Venezuela en un espacio donde la crítica no tiene cabida, por negarnos a ser relacionistas públicos del poder.
Hace poco tropecé con una frase que me dejó pensativo por varios días. La misma decía: “duro es el exilio cuando los que te hacían reír a carcajadas están a países y continentes de distancia. Se envejece rápido siendo extranjero. El exilio y la soledad acompañan al que se va y al que se queda. Y cuanto más solo está el que se queda, tan extranjero es como el que se va”.
Con el tiempo, cuando sales de Venezuela por la razón que sea, vas perdiendo el miedo: el miedo a olvidar cerrar la puerta y la reja de tu casa con múltiples seguros y candados; a estar pendiente cuando el portón del estacionamiento abre lentamente porque alguien puede robarte; el miedo a sacar un celular en la calle o a caminar a cualquier hora de la noche; de retirar grandes cantidades de dinero en un banco (si tienes la dicha de poseerlo); de no poner papeles ahumados a tu carro para que el hampa no pueda ver lo que haces; a los motorizados y su caos cuando manejas; a la cola que vas a tener que hacer para comprar los alimentos, los insumos para una vida común. Con el tiempo se desvanecen los temores de una sociedad que va en franca decadencia, pero van apareciendo otros como el miedo a olvidar: olvidar lo que un día fuimos, lo que podemos llegar a ser como país, olvidar tus costumbres, tus calles, tus amigos, sus sonrisas, tus vivencias, recuerdos y buenos momentos, miedo a que un día como dice la frase “todos seamos extranjeros”, y el miedo al más grande de todos: volver algún día a Venezuela (si es que puedes) y descubrir rápidamente que ya queda poco o nada que buscar allá.

2 comentarios:
Hola hijo, porque los hijos de mis amigos tambien son mis hijos. Realistas y muy sentidas tus palabras si te digo que en la medida que las leia no se me hacía un nudo en la garganta te mentiría. Cada venezolano que sale; hijos de mis amigos, compañeros, vecinos, amigos de mi hija, de nuestro pais es como una espina, se que van en pos de una vida mejor siempre los tengo en mis oraciones. Dios los cuide, un abrazo grandote.
Gracias. Que lindas palabras Angélica. Un fuerte abrazo.
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