martes, 20 de diciembre de 2011

Huracán

En este momento de calma y equilibrio he clausurado mi participación en el huracán a donde se pretende arrastrarme.

Sucede que llegar a un estado como este requiere, como mínimo, una profunda reflexión de lo que hemos vivido, una especie de recolección de los pasos que hemos transitado para bien o para mal, para así descubrir que el lugar donde estamos no es producto de ningún azar del destino sino por el contrario una consecuencia de nuestras andadas.

Y es entonces, cuando evaluamos ese espacio pasado lleno de aciertos y fallos, de avances y ciertos retrocesos, que nos toca decidir si el hoy, ese presente que vamos consumiendo minuto a minuto, es lo que deseamos o no…

En ese proceso ando, descubriendo algunas cosas de mi que jamás pensé encontaría, recibiendo sensaciones producto de experiencias maravillosas que hace mucho no percibía, sintiendo de manera especial, renaciendo, renovándome, encontrando a Doninyer, viviendo a Alexander y reafirmando la concepción de lo que debo dar y recibir…

Y es tan maravillosa esta experiencia personal, íntima, tan privada, alimentada por la esperanza y la inocencia, la sonrisa y la bondad, que no puedo ni debo dejarme llevar por la furia de un huracán desatado que sólo busca destruir lo que se construyó en tantos años…

Ya no es solo una convicción… Es una necesidad…

No hay comentarios: