Es un vicio, una necesidad, recurro de manera esporádica a ellas, buscando un refugio, una similitud, cualquier cosa que me conecte… Invento algún pretexto, tal vez un por qué, cualquier excusa es suficiente para llegar a donde están guardadas, reposando en el olvido.
No es fácil hallarlas, recurro a las artimañas más bajas, pero al encontrarlas veo que sigue valiendo la pena, que son parte de un arte único, una genialidad esperando ser descubierta y mostrada para el deleite y goce del público en general.
No hay culpa alguna por querer disfrutarlas, sería un pecado no hacerlo.
Son pasión, desenfreno, son y siguen siendo sinónimo de delirio… Son letras, palabras malditas de alma perturbada como la de todo escritor…
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